Doctor Monique

Crónicas de la farándula kitsch
 
Ambar... En su habitual recorrido por la ciudad, nuestra combi se detiene ante la luz roja de un semáforo ubicado en una de las sucias esquinas de la céntrica Av. Abancay. En el kiosko de al lado, un hombre de mediana edad ojea los titulares del día. Tiene sobrepeso y bigote. Estrena lentes oscuros de imitación. Su camisa blanca, recién planchada, no solo revela un abultado vientre, sino también algunos pequeños remiendos por entre las costuras. Viste un pantalón beige que probablemente cerró con no poco esfuerzo. Muerde un mondadientes, el mismo que sostiene obsesivamente con unos rechonchos deditos enfundados en toscos anillos de metal. Se divierte "cireando" a las empleadas domésticas que han salido a hacer sus compras de última hora. Ninguna le hace caso. Antes que la luz del semáforo cambie a verde, el tipo sube a la combi abriéndose paso a empellones. Algunas señoras le recriminan su prepotencia. Apesta a colonia barata. Se ubica en el último asiento del vehículo, a la vez que lanza un vulgar suspiro. Sonríe, o al menos eso parece. Saca un diario chicha del bolsillo trasero y lo abre en la página central. Los estrafalarios artículos impresos en fondos multicolores iluminan su rostro. No lee los textos, en lugar de eso se deleita viendo inmensos culos de vedettes. Tal vez leerá después, si es que hay ganas. Este blog está pensado precisamente para gente como él... (aunque nunca se sabe, puede que te guste a ti también).
 
 

La Transformacion de Darth Vader

... Lima: efectos secundarios



Uno de los tantos riesgos que se asumen al vivir de forma permanente en una ciudad tan caótica, corrupta y perversa como Lima es el de quedar probablemente degradado como persona y ser humano. Quienes vivimos aquí estamos acostumbrados a lidiar día a día con esa cruda realidad, pero para el ocasional visitante puede resultar algo más difícil de resistir y afrontar.

Hace algún tiempo el Perú tuvo el honor de recibir a uno de los villanos más célebres de la historia del cine mundial: el gran Darth Vader. Como es usual, hubo quienes se encargaron de mostrarle las bondades de nuestra reconocida gastronomía, como también del innigualable pisco, además de la siempre limpia Costa Verde (en realidad, ni tan limpia ni tan Verde), la arquitectura colonial limeña (ennegrecida por una capa de plomo gracias a nuestro vergonzoso parque automotor), los imprescindibles DVDs piratas a 4 por 10 y la ropa barata de Polvos Azules y Gamarra. Digamos que las cosas iban transcurriendo dentro de los límites aceptables de lo que los peruanos consideramos "algo normal", hasta que por esas cosas del destino al Señor Oscuro se le ocurrió comprar un diario chicha mientras esperaba una combi en pleno Centro de Lima. Fue allí que devino el acabose. Entre las fotos de las vedettes del diario Ajá, la 73 y su estela de asfixiante humo negro saliendo por el tubo de escape, el pan con bromato, el chicharrón con triquina, los volanteros, los emolienteros, los ambulantes, los jaladores, los ticos amarillos, la música chicha, las combis, los pirañas, la basura, el olor a pichi y los travestis que pululan por el temido cruce de las avenidas Tacna, Wilson y La Colmena, al buen Darth se le cruzaron chicotes. Descubrió, a la mala, que el Lado Oscuro de Lima es incluso más oscuro que el Lado Oscuro de la Fuerza.


Darth Vader leyendo El Ajá en una banca de la Av. La Colmena

Y bueno, en medio del shock cerebral y emocional que tan desolador panorama conlleva, Vader decidió someterse a una reencauchada por canje en la clínica del Doctor Astocóndor para ponerse a tono con la realidad chicha del país y cambiar su más preciado sueño de dominar la galaxia entera por el de lucir sus flamantes siliconas en la ya clásica y muy solicitada sección de Las Malcriadas del Trome.

Lo perdimos.


Malcriada: Darth Vader posando para el lente de El Trome

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