Doctor Monique

Crónicas de la farándula kitsch
 
Ambar... En su habitual recorrido por la ciudad, nuestra combi se detiene ante la luz roja de un semáforo ubicado en una de las sucias esquinas de la céntrica Av. Abancay. En el kiosko de al lado, un hombre de mediana edad ojea los titulares del día. Tiene sobrepeso y bigote. Estrena lentes oscuros de imitación. Su camisa blanca, recién planchada, no solo revela un abultado vientre, sino también algunos pequeños remiendos por entre las costuras. Viste un pantalón beige que probablemente cerró con no poco esfuerzo. Muerde un mondadientes, el mismo que sostiene obsesivamente con unos rechonchos deditos enfundados en toscos anillos de metal. Se divierte "cireando" a las empleadas domésticas que han salido a hacer sus compras de última hora. Ninguna le hace caso. Antes que la luz del semáforo cambie a verde, el tipo sube a la combi abriéndose paso a empellones. Algunas señoras le recriminan su prepotencia. Apesta a colonia barata. Se ubica en el último asiento del vehículo, a la vez que lanza un vulgar suspiro. Sonríe, o al menos eso parece. Saca un diario chicha del bolsillo trasero y lo abre en la página central. Los estrafalarios artículos impresos en fondos multicolores iluminan su rostro. No lee los textos, en lugar de eso se deleita viendo inmensos culos de vedettes. Tal vez leerá después, si es que hay ganas. Este blog está pensado precisamente para gente como él... (aunque nunca se sabe, puede que te guste a ti también).
 
 

Una Nueva Esperanza

... una precuela de "Crónica de una Conversación Telefónica". Escribe: El Doctor Gonzo

Detesto que me llamen cuando me encuentro cagando, me siento como un imbécil, ya que, teniendo celular, usualmente no lo llevo conmigo... ni siquiera al baño. Qué diablos, presuroso, una limpiada veloz, no vaya a ser algo importante, me subo a medias el pantalón, voy rápidamente y dando tumbos, alcanzo a contestar, no sin antes reconocer el teléfono de quien me llama... un pensamiento fugaz: "Putamadre, ¿y ahora qué?"...
- Aló, Fernando... - alcanzo a oir al otro lado de la línea.
- ¡Maestro!, ¿qué pasa Pipo?
- Reunión de la Fuerza Delta en Risso a las diez. Oye, estamos en Q.A.P. (aún ignoro que carajo significa eso, alguna vez escuché que era una forma de comunicación en el ejército, pero Pipo la usaba generalmente cuando partía hacia el mugroso cafetín de la facultad).

Hacía pocas semanas que había ocurrido el fin de la ¿relación? (falso, nunca la hubo) entre Pipo y Rocío Talavera, y desde entonces, con bastante frecuencia, el escuadrón Fuerza Delta había dejado de lado sus altruístas actividades para dedicarse a acompañar a Pipo -chelas van, chelas vienen- en su pesar, constituyéndose los huecos del centro comercial Risso en lugares bastante familiares por esa época para nosotros.

- Dennis... pon La Esperanza - balbucea Pipo.
Concha de su madre, de nuevo esa mierda, pienso yo... ya carajo, está bueno de esto, cada noche es igual, pollo, papas fritas bañadas en dos litros de aceite, la Inca Kola de rigor (que nadie toma, viene con la oferta del pollo), las jarras de cerveza (eso sí se toma como mierda), La Esperanza, La Esperanza, de nuevo La Esperanza... la rockola de-a-sol-la-canción escupe a Enrique Iglesias... me llegas al pincho, Iglesias, tu canción me llega al pincho, pero es la única que suena repetidamente, esa es la huevada de estar misio -o como dice Melcochita, misión imposible, aunque últimamente vi al tío Melcocha haciendo el ridículo en el programa de Hildebrandt... No votes por míiiiiii-, no tener un puto sol en el bolsillo para escuchar, aunque sea por 5 minutos otra canción diferente...

Aquí estoy, ya me ves,
suplicándote perdón.
Si en verdad te fallé,
no fue esa mi intención.
Cúlpame y entiérrame
en el pecho tu dolor,
pero no te vayas nunca,
no me ignores, por favor

- Dennis, la Esperanza - vuelve a balbucear Pipo.
Dennis recibe las 20 monedas de un sol que Pipo acaba de cambiar por el billete de Porras... carajo, veinte veces La Esperanza, estamos jodidos, pero no, no es La Esperanza, es Dissident de Pearl Jam, Dennis pendejo, buena, pon las canciones que te gustan que ahorita te paso mi lista, total, Pipo está medio zampado, creo que no se ha dado cuenta...
- Dennis, te dije La Esperanza, ¿qué mierda es esa?
Se dio cuenta, pienso yo... más chela, le sirvo más chela.
- Okay, okay, La Esperanza.
Los miembros asiduos, conociendo el ritual, algunos por joder, otros por efecto de tanta chela, y bueno, me imagino que a uno u otro le gustará esa canción de mierda además de Pipo (quien no podía evitar derramar un par de lágrimas), procedían a alzar los brazos y repetir incansablemente por lo menos 20 veces durante esa noche:

Aquí estoy, ya me ves,
suplicándote perdón.
Si en verdad te fallé,
no fue esa mi intención.
Cúlpame y entiérrame
en el pecho tu dolor,
pero no te vayas nunca,
no me ignores, por favor
Rocío Talavera... ¡¡¡¡Una peeeeeerraa!!!!

Es de noche, aproximadamente las ocho, vuelve a sonar mi celular, maldita sea, nuevamente me agarra cagando, no es posible, ni un reloj suizo es más exacto, no suena el puto teléfono en todo el día, basta que me siente en el water y puje para que empiece a sonar...
- Aló... -me apuro en contestar.
- Habla Fernando...
- ¿Qué hay, Dennis?
- Oye, te pasamos a buscar a tu casa, Pipo está con una huevona que ha conocido, una visitadora médica, y Franz le sirve de chofer.
- ¿En dónde están?
- En La Caravana de Benavides. Te pasamos a buscar en 15 minutos.

Llegamos al lugar. Miro a través de la ventana, alcanzo a ver a Pipo, bien a la tela, a su lado una mujer de unos 30-35 años, ni delgada ni gorda, cabello ensortijado, ojos verdes... comen lomo fino, creo, además hay una botella de buen vino en la mesa (ese Pipo, un señor). Pipo paga la cuenta, seguro deja un propinón equivalente a la cuenta total, salen, Pipo nos ve y hace una señal (váyanse culos), toman un taxi rumbo a El Escarabajo (los seguimos, jodiendo a Pipo por la ventana todo el rato)... Benavides, República de Panamá, Javier Prado... hemos llegado al sitio, por fuera no es la gran cosa, se ve un local oscuro (Dennis me contaría con felicidad que recientemente lo visitó con Pipo, la Pony y una loba más, y por dentro es más oscuro aún, tanto que la amiga de la Pony le dio una mamada aprovechando la oscuridad).
Rato después, Pipo y su acompañante salen del local, Pipo detiene un taxi, ella sube sola. Pipo entra al carro de Franz.
- Oigan culos -nos dice jadeando-, es la futura madre de mis hijos... se llama Rosa María. Ahora, un favor Franz, llévame a mi casa que me he quedado sin fichas.

Días antes de conocerla en persona pude observarla detenidamente por foto. No está mal para Pipo. Se nota que está recontra maltratada, le deben haber dado hasta por la oreja, pero, como he mencionado, no era (aún) tan gorda, bueno, al menos eso aparentaba. Risible foto, Rosa María, abrazada por Pipo, quien usa un polo crema con cuello, shorts y zapatillas, y a su lado, tres niñas, ninguna llega a los 8 años.
- ¿Quiénes son? - le pregunto.
- Son las niñas, las hijas de Rosa María con un pobre tipo, no les pasa ni un céntimo, pero ya iniciaré los trámites de adopción.
- ¡¿Quéeee?!... creo que la pregunta está de más, pero... ¿eres idiota?
- Fernando, ¿por qué no me lactas?

Me cuenta la historia: en uno de los tantos días en que Pipo acudió al consultorio de su (en ese entonces) todopoderoso Padre Castrol, divisó un lomo en la sala de espera. Le gustó lo que vio. Habló con Castrol.
- Padre, ¿quién es la caballona? - pregunta Pipo.
- Una visitadora médica, la botaron de Schering-Plough, reducción de personal.
- Padre, ¿me puedes hacer un favor?
- ¿Ahora qué quieres, gordo de mierda?
- Te juro que es el último favor que te pido...
Días después, Castrol se prestó para la cochinada y se completó el plan. Se cerró el círculo, huevón. Como para no creerlo.
- Rosa María Pontt, te presento a Luis Felipe Heredia -dice Castrol-, médico neumólogo del Hospital - miente Castrol.
- Encantado, tú puedes llamarme Pipo.
- Cuanto gusto - responde ella.

El gordo puta le metió letra, seguramente le contó algunos chistes, no sé, quizás le cayó bien, o quizás Rosa María vio la posibilidad de salir de ese atolladero llamado realidad peruana-desempleo, pero el caso es que aceptó salir con él. Se fueron al zoológico de Huachipa (escenario donde se tomó la foto). Se besaron, por lo que ahora el gordo estaba eufórico.
- La futura madre de mis hijos, Fernando, la futura madre de mis hijos. Eso lo firmo.
- Creo que es la oportunidad de sacarte el clavo después de lo sucedido con Rocío.
- Voy a llamarla, se las voy a presentar. Pásale la voz a la gente.

El sitio: Risso (qué novedad). Llegamos en el carro de Franz. Todo estaba orquestado.
- Rosa María, ellos son mis internos en el Hospital: Dennis, Franz y Fernando, buenos muchachos, muy trabajadores, hacen caso a mis enseñanzas. (Ya huevón, no abuses de tu suerte, un par de preguntas en el acto y te dejo hecho mierda).
- Mucho gusto, el Doctor Heredia nos ha hablado muy bien de ti, es un médico excelente, bien rankeado en el hospital (y en la comisaría).
- Claro, se nota que tiene buena mano, tenía un dolor terrible en la pierna y me recetó Dorixina en gel, ahorita no me duele nada.
Tengo que detenerme aquí. A pesar de que en aquella época ya andábamos en quinto año, Pipo conocía a duras penas 3 tipos de medicamentos: Dorixina, Apronax (si no fuera por el Chemo, ni eso) y Sevorane; bueno, al menos sus pacientes no iban a morir con dolor.
Retomo el asunto...
... acelera aún más. Eso es, cágala, que llore, pienso yoFuimos a la Barranquito, creo. Una de las mugrosas playas de la aun más mugrosa y nada verde, más bien gris-marrón, Costa Verde. Chupamos un rato. Cristal. Alabamos a morir al doctor Heredia, el mejor doctor del hospital, el más buena gente con los internos, un amigo, un hermano mayor. Pipo nos mira con cara de gratitud y la bienaventuranza digna de un Papa. Nos cansamos. Partimos rumbo a la casa de Rosa María a dejarla. Vive un poco lejos, en San Miguel. Agarramos la Javier Prado, suerte que no es hora punta, mucho choro, carajo, desde el que te ofrece el último libro de Harry Potter, hasta los que venden las máscaras de Spiderman a sol cada una, te descuidas y te rompen la luna, que mierda, me da igual, no llevo nada de valor.

- Pipo, quiero que la próxima semana me lleves a comer a La Rosa Náutica, ¿si?, llevemos también a mi mami y a las niñas... Y también quiero que me compres un...
No puedo evitar una sonrisa. Pipo apunta hacia un viejo edificio que se alcanza a divisar a lo lejos, nos dice que Rosa María vive ahí. Franz acelera. Siempre lo consideré un piloto de carreras frustrado, en realidad no va tan rápido, pero escucho un quejido que se torna molesto.
- Pipo, dile a tu amigo que vaya más lento... por favor.
- Franz, más despacio.
Pinga, el huevón acelera aún más. Eso es, cágala, que llore, pienso yo. De pronto, Rosa María se pone histérica.
- Nos vamos a morir, para por favor -llora-, hazlo por mis hijas.
- Ya Franz, carajo, para.
Finalmente llegamos a la casa de ella. Nos abre la puerta una vieja con cara de Doberman, pero que en su intento por parecer simpática (claro pendeja, recién habías comenzado a chupar la mamadera) la cara se le desdibuja en un gesto extraño, casi forzado. Nos invita a pasar.
Vemos un Winnie Pooh gigante en una de las mesas.
- Ese oso se lo regalé yo -nos comenta Pipo-, viene con 30 centímetros de amor incluido.
Momentos después aparecen las niñas, nos saludan, saludan a Pipo, con cariño -ella las tiene bien entrenadas-, al rato ya estoy aburrido, para colmo, las niñas sólo ven Rugrats, lástima, si al menos estuvieran viendo el Chavo del Ocho... Nos despedimos. Dejamos al padre de familia en la casa.
Entramos al auto, en silencio. Al cabo de unos instantes alguien se anima a lanzar la pregunta.
- Y muchachos, ¿qué tal les parece?
La opinión es unánime. Una pendeja.

Tomamos dirección hacia La Marina. Las luces de neón nos rodean ahora, pero lo que en realidad nos molesta es el maldito tráfico. Llevamos 20 minutos atascados. Lima es una cagada en toda su extensión.
- Estas luces de mierda me recuerdan a la entrada del Moonlight... ¿Qué tal si...?
- ¡Moción aprobada! Necesitamos calatas.
Aún nos queda un buen tramo hasta llegar a Higuereta. Salimos del atolladero agarrando una calle paralela, y ahora el velocímetro marca 120Km/h en zona residencial. Su curso es inmutable.



4 comentarios

  • espartako  
    16 de junio de 2006, 20:39

    salud en la mesa doctor monique, por cierto con un tragito corto, pa morir de frente, sin pausas.

  • TORTUGA MALDITA  
    19 de agosto de 2006, 12:56

    Buena cronica tio!
    Tu pata, se templo o solo queria sacarse el clavo?

  • El Doctor Monique  
    21 de agosto de 2006, 14:36

    No Tortuga, ese güey es un arrecho nomás.

    Cabe precisar que la presente historia continúa en el relato Crónica de una Conversación Telefónica (post inaugural de este pequeño y modesto blog), y a pesar de que existe entre una y otra un hueco temporal de aproximadamente 1 año, se puede ver allí, a grandes rasgos, el lamentable camino que tomó esa relación.

    Estas 2 historias publicadas aquí son las únicas que no tienen vinculación alguna con la farándula, salvo por el hecho de que el personaje principal (Tito Herrera, alias Pipo Heredia, alias Pipo Herodes) haya acudido en la vida real, y en compañía de su en aquel entonces pareja Rosa María, al consultorio del doctor, ex árbitro y actual alcalde de San Borja, Alberto Tejada, médico urólogo de profesión, para tratar su grave problema de impotencia sexual; y posteriormente, y ad portas del fatal desenlace de la relación, contratar los servicios de la abogada, y hoy congresista, Rosario Sasieta, popularmente conocida como La Señora Ley, para recibir asesoría legal en los juicios que pretendió entablarle a Rosa María por apropiación ilícita de bienes.

    Todas esas historias (que a la fecha suman 5) se escribieron para ser publicadas en este mismo blog, el cual se tituló originalmente "El Doctor Monique - 12 Meses de Desvaríos", con la primera intención de postear una historia mensual sobre este mismo personaje, pero luego de la mencionada primera entrega en el mes de febrero decidí cambiar tanto la temática como el nombre, convirtiéndose así este blog en "El Doctor Monique - Crónicas de la Farándula Kitsch", dejando de lado las historias del Dr. Herrera/Heredia/Herodes para ser publicadas en un futuro blog. Hice una pequeña excepción publicando "Una Nueva Esperanza" con el propósito de darle un backup a Crónica de una Conversación Telefónica, ya que varios amigos me habían comentado que les había gustado el personaje.

    A pesar de todo, y como suele pasar, la farándula pudo más.

  • Doritos  
    20 de noviembre de 2010, 20:14

    Ese Tito, eso que no has contado sobre Mirella y la vida en el Peppers, esas son de libro, saludo


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